¿Por qué será que cuando oigo estas palabras son siempre en referencia al prójimo pero muy pocas veces en referencia a uno mismo?.
¿Acaso proyectamos sobre los otros aquellos defectos que no queremos reconocer en nosotros? ¿O quizás sigue siendo más fácil ver "la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio"?.
Y puede ser que cuanto más escandalosos o fuertes nos parezcan ciertos defectos ajenos, más deberíamos mirarnos en el espejo.
Pero como en todas las cajas de Pandora humanas, siempre nos queda la esperanza de descubrir en los demás sus cualidades más hermosas, quizás aún ocultas porque nos obcecamos en ver sólo lo negativo… o nuestras proyecciones defectuosas.