
Hoy, me hubiera gustado despertarme con una varita mágica, si, con áquellas que tenían las hadas de los cuentos cuando éramos niñas, y nosotros creíamos a pies juntillas.
Con ella, tocaría donde hay tristeza, porque no hay nada tan despiadada como ella. Cuando existe, nos hacemos vulnerables e incluso, nos rendimos a sus caprichos, y terminamos siendo sus esclavos.
Con ella iría, donde reina el dolor psíquico porque para el físico, ya están los profesionales. Con mi varita destruiría ese dolor invisible que atenaza, y no sabes donde duele, y a la vez te sientes impotente para poder destruirlo, y echarlo de tu lado.
Iría, donde está la soledad porque, esa palabra tan hermosa y consentida, engrandece el espíritu pero, si no le das permiso te angustia y termina destruyendo todo lo positivo.
Con mi varita, aniquilaría los sentimientos egoístas, tan despiadados como injustos, porque ellos, son capaces de todo, con tal de lograr sus objetivos.