
Hay días en que la vida no es más que un juego de los dioses. Mientras ellos se entretienen haciéndonos creer que el mundo real es éste, yo danzo entre ellos como una libélula que posee matriz de cielo, y voy creando y pariendo pequeños astros entre ellos, astros luminosos y terribles, astros que forman caminos y túneles infalibles de tiempo, moviendo eternidades, estrellando en sus paredes el reflejo de la luz y del silencioso palpitar con el que canta un Dios sin forma que nos cobija con su pensamiento. Todo eso sucede mientras duermo duermo.
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