El Dios de las hormigas
"Que divertido" pensé. Finalmente tendría una granja de hormigas. Que interesante que seria pasar horas y horas mirando a las hormigas andar por ahí, haciendo sus cosas.
Al principio, como un gentil observador, fue divertido. Las veía multiplicarse, expandir su hogar. Pase muchas horas observando cada detalle de sus vidas; las observaba sobrevivir.
De hecho, eso era todo lo que hacia. Todos los días. Y ellas dependían de mi. Creo que empece a amarlas. Y claro, quiero que ellas me amen a mi también. Y tanto me divertía con ellas, tan infinito era mi amor, que decidí extender la granja.
Con el tiempo me di cuenta que quizás me excedí un poco, especialmente en la zona residencial. De todas formas, mi colonia consistía en 6.5 billones de hormigas, viviendo en dos toneladas de tierra distribuido en 20 metros cuadrados de suelo; con 10278 cámaras de alta resolución esparcidas en toda la granja.
Esta vez seria capaz de ver todo.
Mientras mi hobby se convertía en obsesión, decidí observar y analizar en profundidad a mis amadas hormigas. Empece a interesarme en ellas pero esta vez de manera individual; ver sus hábitos, sus comportamientos, básicamente todas sus formas de vida. Y debo decirle, querido lector, que fue toda una sorpresa.
Las hormigas son animales!
Hacen las cosas mas desagradables que puedas imaginar; su higiene personal es mas que lamentable, y cuando las miras de cerca, muy de cerca, son tan feas! Te hacen doler el estomago. Tan feas!
Fornican en grupos, se matan entre si, no tienen modales, y me sorprende que a ninguna se le haya ocurrido que seria bueno ocultar sus genitales frente a las demás. Que asco!
Pronto no puede soportarlo mas, y comencé a hablar con ellas; les rogaba que cambien sus vidas. Les colgué señales, paneles; incluso les escribí pequeños mensajes para que puedan leer, pidiéndoles que se arrepientan.
Pero nada paso. Nada cambio. Incluso me puse al borde de la granja, de espaldas al sol, moviendo mis brazos esperando que se den cuenta que estoy ahí. Que soy yo el que les doy el alimento cada mañana! Pero nada, nada sucedió. Ni siquiera un "gracias por la comida che".
Hubiera sido lindo que me reconocieran un poco al menos. No estaba pidiendo que me adoren... Aunque les doy todo. Un poco de agradecimiento hubiera sido bueno.
Pero ellas no podían verme ni oírme. No podían entender mis palabras. Indudablemente esto era enteramente culpa de ellas. Mis hormigas no me amaban como yo las amaba a ellas.
No se por que esta constante ignorancia de mi grandeza, de mis acciones y generosidad me enojaron. Simplemente no me parecía correcto que yo fuera su única razón de existencia y que ellas no me lo agradecieran. Debían ver la mano que les enviaba el alimento cada mañana. Debían notar mi existencia!
Así que compre un bisturí y un microscopio para buscar comportamientos que considerara incorrectos.
Y cuando lo encontraba le hacia daño a la hormiga en cuestión. Perdía dos de sus patas, por ejemplo. Pensé que eso serviría de ejemplo para las demás... Pero no funciono.
Como quitarles las patas no servia comencé a castigarles al por mayor; busque una lupa y comencé a quemar muchas a la vez. Pero su agonía era muy breve, y el clima no siempre me ayudaba. Y aun quedaban tantas! Eran mas de 6.5 billones de castigos a pecadoras hormigas los que debía realizar.
Los fósforos y encendedores no sirvieron de mucho. La idea entonces fue evidente.
Así que construí un horno, con paredes transparentes para poder verlas quemarse lentamente... Debo aclarar que no me brinda ningún placer verlas morir. Sus mandibular abrirse y cerrarse sin parar, casi como si pidieran auxilio. Sus cuerpos vaporizarse... Si tan solo me hubieran escuchado!
¿Que otra cosa puedo hacer? Son animales pecadores. Debo castigarles por lo que son. Espero que vean la innegable lógica de mis acciones, la justicia perfecta. Yo les doy la vida, les doy todo; y puedo pedirles lo que yo quiera. Alguien las debe castigar.
Un día me di cuenta que si pongo el horno a 110.8° grados puedo mantenerlas en constante agonía de manera casi permanentemente. Parecerá eterno... para ellas.
Si tan solo hubieran intentado cambiar su instintiva forma de ser; ponerse algunas ropas, dejar de copular sin certificados legales! No pedía nada! Tan solo que lo hicieran todo a mi manera. Si tan solo fueran como yo... tan perfectos como yo.
Si solamente me hubieran considerado su dios.
Y es innegable que debería ser tratado como tal. Debieron adorarme de vez en cuando! Yo les di la vida! ¿No están de acuerdo?
Pero un día me vi al espejo mientras llevaba algunas hormigas pecadoras hacia el horno. En ese instante me hice muchas preguntas que hoy le hago a usted, querido lector.
Si me vieran poner una bandeja con hormigas vivas en el horno, ¿que pensarían de mi?
¿Estoy en lo correcto?
¿Estoy equivocado al esperar su gratitud?
¿No soy suficiente para ser adorado?
¿No es mi comportamiento completamente lógico? ¿No esta totalmente justificado?
¿NO SOY UN DIOS PERFECTO?
Fuente desconocida: