Este día trajo consigo el recuerdo de lo que es el amor, el desamor, el peso de una decisión apresurada, acaso temeraria.
Me ha recordado lo embriagadora que es la pasión y lo tentador que es seguirla y dejarse llevar, todo tiene consecuencias.
Absolutamente todo lo que hacemos, decimos, callamos o dejamos de hacer tiene un efecto. ¿Estamos preparados para afrontar los resultados de nuestras acciones? Es una pregunta que casi nunca nos formulamos.
¿"Medimos" los probables alcances de lo que decidimos? No. En un alto y casi absoluto porcentaje no es así y pagamos nuestra prisa por sentir.
¿Cuántas veces estuvimos en una encrucijada? Inmersos en la duda, en la indecisión de no saber si intentarlo de nuevo o sostener lo que ese lado racional (y aún con dignidad) nos dice que es mejor.
Decisiones conscientes: paz interior
No son demasiadas las ocasiones en que sucede, sencillamente porque no son tantas las veces que nos enamoramos realmente. Tenemos el mal hábito de llamar "amor" al enamoramiento, a la pasión, a lo efímero que puede resultar un entendimiento, química, feeling. No es amor pero sí podrían ser los primeros pasos para una base sólida si hay y se van construyendo los elementos necesarios como el respeto y la comunicación, la infaltable existencia de detalles, de atención y la más que aconsejable práctica y veneración de la sinceridad.
La vida es una constante decisión. Un sistema piramidal de realidades entrelazadas.
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