Todos sabemos que hay cosas que no se pueden cambiar, que nos gusten o no son así, no podemos remediarlo, esta historia trata sobre este tema, sobre las cosas que son como son y no se pueden remediar.
Hace ya mucho tiempo vivía una pequeña oruga en la cima de un árbol, un gran árbol que desde lo lejos incluso se veía enorme, en este árbol las orugas durante muchos años, nacían, crecían y luego se iban volando convertidas en mariposas, toda una ley de vida, escrita por la propia naturaleza. Generaciones tras generaciones esto pasaba, en cada generación alguna oruga siempre lograba ser diferente, ya sea bien por el color de sus alas o por sus dibujos, hasta que un día como otro cualquiera apareció en el árbol una nueva oruga, esta ya tenía colores antes de ser mariposa, tenia dibujos en su lomo, era increíble ya de por si misma. Las demás orugas del árbol la admiraban porque si ya poseía tan belleza aún sin ser mariposa como seria cuando consiguiese serlo y se fuese volando del árbol, esto era algo que se preguntaban sus compañeras.
Un día la oruga se entero de su destino ya marcado, de que debía ser primero un capullo y luego pasar a ser una mariposa, que su vida tenía esa tres etapas.
La oruga no quería ser así, ella necesitaba ser diferente, de echo ella ya lo era, poseía dibujos y colores por todo su cuerpo. Pensativa y sin saber que hacer decidió caminar por la rama del árbol hasta casi la punta de el, se quedo quieta mirando hacia el suelo, pensando en que podría lograr salir del árbol volando, pero que de esa manera tendría que aceptar su destino, un destino que ella no aceptaba.
Después de varios minutos, la oruga escucho un ruido, miro hacia atrás y vio que se trataba de otro insecto, era un saltamontes, la oruga lo miro y le pregunto a este el porque su destino tenia que estar ya escrito, el saltamontes alzo la cabeza, la miro y le contesto: Nuestro destino es saltar una y otra ves, eso nos han dicho, eso nos han obligado, a mi no me han preguntado si quiero saltar una y otra ves pero es lo que me ha tocado ser. Si es cierto que algunas ocasiones muchos de nosotros dejamos de saltar, nos quedamos quietos, no porque estemos cansados sino porque esperamos que nuestro destino cambie, que sea escrito de nuevo, esto ocurre por ejemplo cuando un pájaro nos devora, nos quedamos a campo abierto esperando a que el destino decida si cambiamos o no.
La oruga pensativa se le ocurrió una idea, se posaría en la rama más alta del árbol y esperaría a que un pájaro la devorase.
Al día siguiente subió hasta la cima y espero a que algún pájaro fuese a por ella, pasaron las horas y ningún pájaro la atacaba, la oruga cabreada no sabía el porque, si muchos de sus compañeros ya habían sido devoradas, porque ella no lo era.
Bajo a la mañana siguiente y le pregunto al saltamontes el porque no la devoraban a ella y a sus compañeras si. El saltamontes la miro y le dijo, mírate bien tu cuerpo, no eres como las demás orugas, tienes muchos colores, los pájaros no logran reconocerte a lo lejos, pero siéntete afortunada puedes estar tranquila ninguno te devorará.
La oruga cabreada no sabia que hacer, ella era única pero no quería serlo, después de pensar y pensar encontró una solución, si los pájaros solo atacan a las que son como las demás orugas, ella debería ser como las demás para poder cambiar su destino.
Decidió pintarse del mismo color que las demás, un color verde intenso, para ello mordió un fruto que soltaba un líquido pegajoso de color verde, se unto todo su cuerpo y borro todas sus manchas, ahora ya era como las demás, una simple oruga verde.
Empastada de este líquido pegajoso se subió a la cima del árbol, pasaron los minutos y ningún pájaro pasaba volando, era temporada de verano y el sol golpeaba con mucha fuerza, poco a poco el sol comenzó a secar el liquido que rodeaba todo su cuerpo, los pájaros se acercaban pero el olor no les gustaba, se iban volando sin más, poco a poco el sol fue secando su cuerpo, lo que antes era un liquido verde, se fue convirtiendo transparente, dejando poco a poco de ser pegajoso para ser cada ves más rígido, no se trataba de un fruto cualquiera el que le había dado ese aspecto, sino se trataba de uno que tenía en su interior savia del mismo árbol.
Poco a poco esta se fue secando y la oruga fue perdiendo movilidad, sus colores destacaban entre las demás, ella sabia que ya era su fin, que iba a morir, pero no estaba triste, había conseguido lo que quería, cambiar su destino, ahora podría ser durante mucho tiempo una oruga y no una mariposa como debía ser.
Cada día el saltamontes cuenta a cada nueva oruga que una ves una pequeña oruga que era diferente a las demás decidió cambiar su destino y que para ello dejo de ser ella misma, pero que el propio destino decidió que para su nuevo destino no debería dejar de ser quien ella era, sino que seria quien fue durante, mucho, mucho tiempo.
En la cima de lo más alto, la podéis ver, allí esta, con sus colores llamativos, cada día es observada y admirada por lo que fue, por lo que es, una oruga colorida.
Moraleja: "Si quieres cambiar tu destino estas en tu derecho de hacerlo, aun sabiendo que tengas que dejar de ser lo que eres por fuera, por dentro siempre conservaras todo tu color y tu origen
Autor deconocido.