Un famoso escritor, ya entrado en años, era conocido por su tacañería
y sus amigos estaban cansados de recibir continuas quejas a la hora de pagar
una cuenta en los viajes o una comida en el restaurante.
Era el día del idioma y, junto con varios amigos, se habían citado
en un conocido restaurante para cenar.
Estaban preocupados porque no llegaba,
pero apareció una rubia mucho más joven que él y, ante la sorpresa de sus amigos,
pidió los platos más exóticos y la bebida más cara.
A la hora de pagar, tomó la factura y quiso pagarla el solo,
cosa que alarmó a los comensales.
Ante el asombro de sus amigos, les dice:
"Acabo de hacer mi testamento.
A mis dos hijos les he dejado la mayor parte de mis bienes;
Una más pequeña para parientes necesitados y otra parte para una obra de caridad.
Y cuando salí del despacho del juez me di cuenta que había sido generoso con los demás
y que seguía siendo tacaño conmigo mismo.
Y decidí tratarme a mí mismo con más generosidad".
No confíes totalmente
en la apariencia de las cosas.
La duda debe servirte
para profundizar en la realidad,
Nunca para rechazar
indiscriminadamente a nadie.