

AL SOL, NUESTRO PADRE
Contemplo con Amor, gratitud y embeleso al Sol, y recuerdo que estoy mirando con devoción y alegría, sin temor ninguno, con verdadera felicidad, al Señor, al Rey de nuestro Mundo, al Dios de nuestro sistema. Imagen viva del Gran Misterio, causa y origen de todo. Y pienso, qué grandeza, qué voluntad Señor, siempre ahí, siempre dándote, entregándote, desangrándote para todos por Amor. Y qué pequeñez la nuestra a tu lado, tan débiles…
Señor, cuánto nos das. Cuánta esperanza y fuerza llega a nuestro corazón humano que se cansa y desespera. Verte, es Renovación, Renacimiento, purificación.
Aún tras el gris de estos días de invierno en que cubren tu faz luminosa, grandes y espesos cortinajes grises. Para aquel que te busca en tu casa, en el cielo, una y otra vez, asomas tu rostro resplandeciente, descorres las cortinas, despejas el espacio oscuro y allí estás, para los ojos y el alma enamorada de tu luz.
Muchas nubes oscuras corren ante ti, como un gran antifaz, el viento las empuja en su incesante viaje, primero por el cielo, recogiendo tu benéfico influjo, luego caerán convertidas en lluvia vertical que fertilizarán las tierras del planeta, purificando nuestra casa, renovando a nuestra Madre.
Y todo sigue su curso, camina, navega, vuela, se desliza suavemente por el espacio tiempo. Cuántas cosas, cuántos acontecimientos vividos, cuántas veces hemos venido y nos hemos ido, como las nubes viajeras, cuántas experiencias, cuántas batallas, cuántas vivencias en el alma grabadas, cuántos adioses y reencuentros.