
" Vamos a echar
para afuera
a esta manzana dañada,
que ya está también muy podrida.
Hay que limpiar esta casa
de basura y porquería".
Dijo un tanto enfadada
y con mucha altanería,
la mayor de las manzanas,
de esta cesta corrompida.
Esa orgullosa y pulcra dama,
con la cabeza erguida;
miraba a su alrededor
con la frente muy henchida.
No se daba ella cuenta,
que ya las otras manzanas
estaban peores podridas.
Como quien ha limpiado su honor,
cerró la puerta enseguida;
y se quedó mirando con pudor,
como la pobre manzana,
de la cesta, corría despavorida.
Esa orgullosa damilla
se tocó su encarnada piel;
y también ella notó
que estaba ya muy podrida.
Se emperifolló
con su azul chalina.
Se miró en su propio espejo.
Sólo vio un lóbrego reflejo.
Y, muy veloz y en control
Encubrió su hipocresía.
ilm.