
¿Qué es, pues, la verdad? ¿Existiría una verdad única, intangible y absoluta? ¿ Es posible que alguna de las miles de religiones y sectas que funcionan hoy día en el mundo sean detenedoras del conocimiento de la verdad integral, del saber sin lacunas sobre toda la existencia y acciones universales?
Generaciones de estudiosos, filósofos, místicos y religiosos se dedicaron al tema de la verdad a lo largo de milenios. El resultado de ese esfuerzo (mucho más antagónico que armónico), fue una constelación de corrientes de pensamiento lanzadas en todas direcciones. No surgió de ahí una visión clara, ni siquiera un vislumbre de lo que efectivamente existe, y mucho menos aún una certeza. Veamos las principales:
Hay una corriente de pensamiento, bien conocida y que ostenta considerable número de adeptos, que sostiene que no hay ninguna verdad además de lo que se puede percibir con los órganos sensoriales del cuerpo e instrumentos técnicos, siendo, por eso, una completa pérdida de tiempo esforzarse en su búsqueda. Otra concepción, admite que existe una verdad que lo abarca todo, pero considera que el ser humano no está capacitado para descubrirla y asimilarla. Una tercera corriente aboga que, cada cual tiene su propia verdad, que sería así, múltiple, no existiendo, por lo tanto, una verdad única. La cuarta suposición cree en la verdad revelada por alguna religión, considerándola como la única legítima, de modo que las verdades sostenidas por otras creencias son consideradas falsas o distorsionadas. Una quinta suposición es la defendida por innúmeros movimientos esotéricos, que afirma que una persona puede alcanzar niveles cada vez más elevados de conciencia (o algo semejante) y así aproximarse más y más a una verdad, desde que sea iniciada en las prácticas secretas del respectivo gremio. También aquí, cada una de esas entidades posee su propia verdad.
Hay todavía, otra línea, muy poco conocida y considerada, que afirma que existe sí, una verdad única y absoluta, y que el ser humano puede obtenerla hasta cierto grado, desde que llene determinados requisitos propios, requisitos estos que nada tienen que ver con exterioridades, como nivel cultural o condición social, pero que dicen respecto, exclusivamente, a su esencia, o sea, al propio espíritu humano. Como todo en el mundo de hoy está obscurecido por el velo de la mentira, es de esperarse, lógicamente, que la concepción más pura, la que más se aproxime de la realidad, sea justamente la menos considerada. Y así es. La más verdadera de las concepciones sobre la verdad es exactamente esta última, y vamos a ver porqué, en la segunda parte de este ensayo.
Muchísimos investigadores creen que, para encontrar la verdad es preciso renunciar al mundo y vivir en el ascetismo, mientras que otros tantos están convencidos de que es imprescindible estudiar mucho, tal vez hasta obtener un phD en Teología. La verdad, sin embargo, es lo simple, la propia lógica natural. Todo lo demás es producto exclusivo del cerebro humano, que, como visto, es, en nuestra época, impulsado, nutrido y conducido por la mentira.
Así, de forma absolutamente lógica y natural, todo lo que es exclusivamente engendrado por el raciocinio humano tiene, necesariamente, que estar muy alejado de la verdad, cuando se trata de cosas que están por sobre nuestros conceptos terrenos de espacio y tiempo. En esas circunstancias, nada puede estar más lejos de la verdad que conceptos originarios de la reflexión intelectiva, que jamás pueden elevarse del estrecho ámbito de la materia, aún cuando adornados con las más fantásticas – y pueriles – configuraciones de la fantasía. La acertada comprensión de este hecho, constituye el primer paso del investigador en su camino por la búsqueda de la verdad.
