Voy a compartirles una historia tomada del artículo denominado "La punción que cura" por Jennifer S. Holland, publicado en la Edición de Febrero de 2013 de la Revista National Geographic en español.
El tema central del artículo es cómo los venenos de algunos animales están siendo estudiados para elaborar medicinas que curan ciertas enfermedades de los seres humanos.
A mi me llamó la atención esta historia pues me demuestra cómo "El Universo Conspira" para que las "DESGRACIAS" accidentes, situaciones, personas, etc., que inicialmente consideramos negativas en nuestra vida, son BENDICIONES para ella. Dejo abiertos los comentarios para escuchar sus testimonios sobre el tema, los cuales serán un aliciente para todos. Gracias anticipadamente.
"Michael decidió ir a nadar. Estaba de vacaciones con su familia en Gerrero, México y hacía muchísimo calor. Tomó su traje de baño de una silla, se lo puso y se lanzó a la piscina. En lugar de un alivio refrescante, un dolor ardiente corrió por la parte posterior de su mulso. Se arrancó el traje de baño y saltó desnudo fuera de la piscina, con la pierna ardiendo.
Detrás de él una criatura fea y amarilla se movía en el agua. La sacó y la colocó en un recipiente; el encargado de la casa lo llevó rápidamente a una clínica de la Cruz Roja, donde los médicos identificaron rápidamente al atacante: un alacrán centruroides sculpturatus, una de las especies más venenosas de América del Norte. Al intenso dolor de la picadura generalmente le sigue una sensación como de choques eléctricos que destrozan el cuerpo. En ocasiones, las víctimas mueren.
Afortunadamente para Michael (que me pidió no dar su nombre completo), había un antiveneno disponible en ese momento. Lo inyectaron y lo dieron de alta unas horas después. En unas 30 horas, el dolor había desaparecido.
Lo que pasó después no pudo haberse previsto (el resaltado y subrayado son míos) Por ocho años, Michael había padecido una condición llamada espondilitis anquilosante, enfermedad autoinmune crónica del esqueleto, una especie de artritis espinal. "La espalda me dolía cada mañana y durante los episodios malos era tan horrible que no podía ni caminar", explica.
Sin embargo, días después de la picadura del alacrán el dolor desapareció y ahora, dos años después, el sigue libre de dolor y sin necesitar la mayoría de sus medicinas. Como médico, Michael tiene cuidado de no exagerar el papel que el veneno del alacrán desempeñó en su recuperación. Aun así, dice que "si el dolor regresara, dejaría que el alacrán me volviera a picar".