
Cuando los seres humanos deseamos con todo el corazón seguir una
sabiduría espiritual, inmediatamente adoptamos una serie de
disciplinas que hagan reflejar en nosotros nuestra búsqueda.
Buscamos y adoptamos comportamientos que cristalicen lo mas
claramente posible en nuestro interior y ante los demás la seguridad
de que efectivamente estamos en otra etapa, o también creamos
hábitos que ratifiquen un compromiso intenso y palpable ante
nosotros y ante los demás.
La imagen del buscador ideal, casto, de pensamientos puros, de
alimentación perfecta corresponde a la imagen de un asceta que poco
tiene que ver con la imagen que como occidentales tenemos
cotidianamente.
La elevación humana no se produce por una revolución en nuestras
costumbres, en dolorosos sacrificios por conseguirla, por
disciplinas estrictas, sino por evolución. Cuando llega el momento
en que ya no se precisa de ciertas cosas, naturalmente nos iremos
desprendiendo de ellas. Recordemos que la serenidad en lo cotidiano
no se logra desde afuera por una rigurosa disciplina alimenticia,
sino desde dentro, en el momento en que somos concientes de lo que
necesitamos y de lo que ya no.
El orientalismo ha calado hondo en occidente, con su renunciamiento,
su forma de vida ordenada, su filosofía refinada, sus rituales y
costumbres que en algunos casos parecen extrañas, desconocidas e
inaplicables en el mundo de hoy. Sin embargo, no debemos
desvalorarlas, ya que son opciones tan positivas como las que en
occidente se practican.
En muchos lugares de oriente, incluida la India, muchos hombres y
mujeres llevan a cabo una vida basada en el renunciamiento a los
estímulos de índole sensual y que puedan perturbar sus logros
espirituales. Otros se alejan del mundo, internándose en la
naturaleza con el fin de alcanzar los estados superiores del ser,
iluminación o nirvana en los casos que correspondan.
Apartarse de la realidad y del mundo para encontrar su propio camino
es una de tantas rutas, sin embargo como seres humanos ¿no es valido
también elegir estar en medio del mundo y ahí encontrar nuestras
propias vías? Una senda es tan valida como la otra, solo es
cuestión de fuerza, voluntad y libertad.
Cada una de estas opciones no se produce al azar, no se genera por
imposición ni por sacrificio, sino por voluntad propia, a conciencia
y por evolución. Son sendas que se abren cuando estamos preparados
para caminar por ellas, cuando observamos una apertura en nuestra
mente y cuando nuestras prioridades ya no son el mostrar cuan
espirituales somos ante los demás por lo que comemos o por como nos
comportamos, sino por que estamos ya preparados.
La evolución parte desde dentro, no desde fuera de nosotros. Es
sencillamente, un llamado.
...es una vía natural hacia las cosas sobrenaturales, las cuales
pertenecen al hombre por derecho, pero de las que ha perdido total
noción, ya sea por desconocimient