Lo que voy a contar es en forma de analogía, esas cosas sencillas que me suelen pasar y de pronto algo en mi interior hace "click" e instantáneamente entiendo que significa.
Es interesante ver como algunas cosas nos llegan de "algún lado", no sabemos de qué manera ni entendemos cómo es que llena nuestro ser, al punto de que los procesos "normales" (tradicionales) de aprendizaje y comprensión quedan obsoletos porque algo realmente "mágico" ocurre.
Si bien aún no comencé con lo sucedido de alguna manera esta breve introducción pone algo de claridad (o quizás oscurece para algunos) en lo que respecta a la idea de: escuchar a nuestro ser interior, a nuestra alma, nuestro espíritu.
La cuestión en sí fue muy simple y sencilla, advirtiendo de comienzo para aquellos que quizás piensen que las cosas deben ser complejas.
Estaba recostado en mi cama, cantándole en voz baja a nuestro hijo menor (5 años) para que se duerma mientras mi esposa estaba con nuestro otro hijo en la cocina. La habitación donde estaba tiene un patio de luz común con la cocina y ambas ventanas estaban abiertas, lo cual hacía que se escuche todo, tanto de un lado como del otro. Nuestra habitación estaba en calma, tranquila, podríamos decir que se percibía de alguna manera sutil. De pronto al otro lado del patio de luz (es pequeño, un par de metros) nuestro hijo mayor comenzó a hacer bastante ruido, sumado a que mi esposa que ordenaba la cocina y el televisor de fondo prendido sin sentido y con bastante volumen. Nosotros (al menos yo) incómodos porque todo ese bullicio corrompía la hermosa calma de la noche fresca, al punto que deseaba pedirles que bajen un poco el volumen general, pero tampoco quería gritar ya que de esa manera hubiera terminado por corromper mi propia calma y la de la habitación. En ese preciso momento fue donde me hizo el "click" y en un instante comprendí con esta extremadamente sencilla experiencia el ejemplo llevado a otro ámbito de la escucha interior. En definitiva podría clarificar los roles de la siguiente manera: - El dormitorio tranquilo, en paz y disfrutando del momento es el ser interno.
- El otro ambiente ruidoso, intranquilo, con variedad de cosas es el ser externo, el que vemos en el espejo y el mundo que nos rodea.
La cuestión era que desde nuestro lugar (interior) no nos era fácil que nos escuchen a menos que gritáramos y realmente no tenía ganas de hacerlo. Por otro lado desde el otro ambiente (exterior) había tanto "ruido" que no era posible que ellos nos escucharan.
Lo curioso también era que si ellos hubieran susurrado nosotros los hubiéramos escuchando, no siendo así a la inversa.
Muchas veces ocurre que por no escuchar repetidamente a nuestro ser interno y a nuestras necesidades reales terminemos en una crisis de algún tipo, ya sea familiar, personal, laboral, en definitiva una crisis de vida. Esas crisis siempre son positivas porque de una u otra forma (a veces extrema) nos ayudan a que nos escuchemos.
El escuchar al ser interior requiere tranquilidad en todos los aspectos, no simplemente sentarse a meditar en silencio total sino frenar un poco la vorágine diaria que nos consume como seres.
Hoy día he llegado al punto de poder estar tranquilo y meditando aunque esté haciendo algo, ya sea lavando los platos, caminando u otra actividad. La clave está, para mí, en frenar y sacarnos de encima el exceso de "hacer" del día. Como dicen algunos autores bajar de la cabeza al corazón.
Es real la necesidad de muchos de meditar ya que la meditación es el primer paso en el aprendizaje de la escucha interior, más no es lo único. Nosotros mismos somos quienes sabemos lo que necesitamos, pero para eso primero aprendamos a escucharnos para al final, escucharnos.