Posted by Yanira Lourdes Ordenes Aguilera on 15 February, 2013
Siempre he sentido curiosidad, ante la diversidad de visiones de mundo y de modos de interpretar la realidad, como en esa diversidad hay temas de todos los tiempos y todas las culturas que no pasan de moda, por ejemplo eso que llamamos AMOR, el cual ha sido un tema recurrente no solo en la literatura, arte, disciplinas en general y especialmente en los seres que tenemos una inquieta mirada contemplativa.
Quizás una primera explicación seria que es una de las emociones básicas, otros dirán el amor es el motor silencioso que mueve el mundo, en fin quien reflexiona, pienso que lo va a hacer desde su condición de un ser múltiple, donde va a considerar aspectos basados en su propia experiencia.
En esa comprensión del amor, al parecer hay un consenso, por lo general todos concuerdan que el amor es lo más importante, quizás algunos nos enfocamos al amor como emoción, ya que percibirlo como la fuerza más potente es un proceso, y no debería ser así, ya que nacemos como seres amorosos, nacemos en la confianza de mirar sin expectativas, y por consiguiente deberíamos aceptar la legitimidad del otro.
En este preciso momento siento que es mi derecho natural, vivir sin la exigencia de la apariencia, en la inocencia del presente, sin demasiado análisis, escuchando a mi corazón; ese reconocimiento tiene que soltar ciertos apegos, descubrir quién soy y en ese proceso estoy. A veces nos preguntamos ¿soy más feliz que el promedio de los hombres? Y una posible respuesta podría ser: cuando mi estado de ánimo es elevado, tiendo a ser feliz, pero ese estado es intermitente, mas cuando nos deprimimos, nos enojamos, nos angustiamos , tendemos a sentirnos infeliz; sin lugar a dudas, esto no nos ocurriría, si no nos olvidáramos de quienes somos, de nuestra esencia perfecta, así el estado de felicidad seria permanente.
Culturalmente estamos condicionados a bloquearnos, habituándonos a sentir temor, ya sea por la representación del mundo que vamos adquiriendo a través de las creencias y costumbres; nos enseñan a pensar que primero está el amor hacia los demás y en ese mal entender el primer invitado es el sacrificio, y quizás el segundo invitado es el deber.
Nos vamos etiquetando como “buenas personas”, y eso tiene un alto costo porque vamos mecanizando los sentimientos, vamos sintiendo al mundo en nuestros hombros. Si se mira para atrás, hubo tanto gastos de energía gratuitos, esa imagen que proyectaste de salvadora del mundo, sin que a veces nadie te lo pida, va moldeando un ser lleno de miedos, de temores, de angustia, donde los afectos profundos no tienen cabida, te vas alejando de lo sagrado, te preguntas donde está la magia del vivir, todo ese espacio en que te mueves quieras o no quieras va generando resentimientos e ira y así tu fiel cuerpo te lanza salvavidas, tus manos tiemblan más de lo normal, se te cae el pelo más de lo normal, hablas tan rápido como si no respiraras, tus preocupaciones se manifiestan a través de sueños, que si te detienes logras descifrarlo, tienes la sensación que estás perdiendo el control de tu vida.
En ese transitar, hay segundos que lo sagrado se reconecta, me llega a la memoria un día en una celebración de cumpleaños, estaba bailando y en un momento sentí tanto jubilo, era una alegría tan inmensa que empecé a agradecer a Jesús, debo aclarar por si acaso, que había cero alcohol en mi cuerpo; otra vez estaba caminando por la playa, y sentí ese mismo jubilo, tome conciencia de la libertad absoluta que sentía. Debo agradecer las experiencias anteriores que me permiten darme cuenta que no soy responsable de los actos de los demás, mi primer compromiso y acto de amor es conmigo.
Como dicen, todo tiene su tiempo, ese escenario de desamor, cuya espacio motiva a encasillarse, a sentir ese vacío interior, quedarte sin tu Dios, frenar emociones, que conlleva confusión, divisiones, donde el relacionarse con el otro es más bien un encuentro de posiciones en permanente confrontación, ahí se hace habitual buscar soluciones fuera de ti; además nuestros momentos de felicidad, lo ensombrecemos con las expectativas, por ejemplo si fui feliz en un instante determinado o en una situación, me esmero por volver a sentir y voy perdiendo mi posibilidad de volver a maravillarme, a estremecerme, a asombrarme quizás con otra situación, Tengo la convicción que ese escenario, es necesario para que surja la reflexión de estimar con más exactitud aquellas conductas que se deben dejar atrás.
Cuando comprendemos totalmente nuestro particular proceso, surge espontáneamente el ser una persona coherente, sin culpas, sin miedos, ya la imagen no sirve y esa magia que soñaste en tu vida, donde no hay límites para vivir en un placer constante, nos motiva a encontrar el camino que nos lleve a esa libertad tan anhelada; a la felicidad permanente y sobretodo surge la convicción que es posible desarrollar la capacidad de amarte tal cual eres y a amar al prójimo, de modo que el amor no es un discurso.
Que esencial es expandir nuestra conciencia, para ver desde diversos puntos de vista, todo lo que nos rodea, lo que acontece, las causas y efectos de todos nuestros pensamientos y actos, en fin en ese andar avanzamos y retrocedemos, la aceptación ocurre paso a paso, empiezas a aceptar tu dualidad, y el ego, que tantas veces luchaste y sigue ahí, tarde o temprano se transforma.
Empaparse con la idea de que es posible, generar un mundo más habitable, donde la buena voluntad, la tolerancia, el no juzgar, son realidades generadoras de ese amor que nos abre las puertas a ese campo cuántico, donde el vivir es mágico, ahí en ese universo, cada uno crea su realidad reconectada con lo sagrado, todo eso es viable gracias a aquello que llamamos fuente divina, Dios, Universo, Sabiduría universal etc., donde la fe es espontanea, la paz es creadora, la alegría es sanadora, de solo pensar quiero estar ahí, abandonarme, permitir que mi ser divino, me inspire, me guie, el sabe perfectamente cuál es la mejor solución para cualquiera situación que se presente.
Me hace sentido señalar que el amor es la primera medicina para curarnos a nosotros mismos, así cada trabajo que realicemos debe realizarse desde nuestro corazón, el ayudar a otro, solo puede darse si hay amor genuino, recordando que somos seres potencialmente divinos y perfectos.
Existen tres valentines que la iglesia católica venera, este 14 de febrero:
Un sacerdote romano, decapitado en el año 273 y que fue enterrado en un cementerio de la Vía Flaminia.
Un obispo de Terni, cuyas reliquias se encuentran en la iglesia de Santa Práxedes, en Roma.
Un obispo itinerante de Recia, enterrado en Mais, cerca de Merano, en el Tirol italiano.
De una forma o de otra, a este santo (al que sea de los tres), se le convirtió en el patrón de los enamorados, ya que es en esta época del año cuando los pájaros comienzan a aparearse y siguiendo la llamada de la naturaleza, los jóvenes casaderos hacían lo mismo, dicho más suavemente, buscaban novia o novio.
Sea como sea, hoy es el día de los enamorados y como no podía ser de otra forma, esto llama mi atención. ¿Por qué dedicamos un día a los enamorados? Independientemente que les venga bien a los comercios, ¿por qué dedicar un día al amor?, se me puede responder, que es para proponer un día para recordarlo...........
Mal, muy mal estamos, si por habérsenos olvidado amar, nos lo tiene que recordar. Cuando uno deliberadamente se propone amar, es que ya no lo hace y como el amor no es un sentimiento, que se da o se toma, sino el resultado de nuestra paz interior, su ausencia nos dice que no tenemos paz, que somos y proyectamos desamor, turbación y violencia.
Podemos al igual que la iglesia católica, inventar bonitas historias para colorear este día o regalar cosas a los que “decimos” que amamos, pero tal vez sería mejor echar una miradita dentro de nosotros, para ver como están las cosas.
De una u otra forma, feliz día de san Valentín, felicidad ahora y siempre.