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domingo, 20 de enero de 2013

Todas las publicaciones - Frecuencias de Luz: SIEMBRA Y COSECHA

Todas las publicaciones - Frecuencias de Luz
SIEMBRA Y COSECHA
Jan 20th 2013, 22:19

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
M:. M:.
Ya estamos viviendo la época navideña, donde hablamos mucho de solidaridad y nos enfrentamos a la soledad que crece junto en el egoísmo y la competencia del consumo, invisibilizando la pobreza, la explotación, por ello he planteado el tema de la generosidad como reflexión, para tratar de sensibilizar el espíritu y por ende mejorar el entorno en los cuales convivimos. Partamos de que es un hábito de hacer el bien a nuestros semejantes y también una virtud de dar no solamente bienes materiales sino también nuestro tiempo, talento y la propia vida, sin esperar nada a cambio. Esta cualidad suele ir ligada por un amor intenso hacia los demás,  para quienes se desea y se busca su bien personal; es el cariño más firme que enseña que la generosidad es la principal cualidad de un alma iluminada que se entrega hacia los demás. Para poder compartir y ser bondadoso, primero debemos amarse a  sí mismo, para luego proyectarse a los demás, y es el primer paso hacia la iluminación y felicidad duradera. La generosidad, no es solamente un proceso que acerca, sino que además impulsa e inspira a los demás.
La generosidad reclama varias condiciones: Debe haber privación propia. Si se hace un bien a otro sin privación propia, no se habla de generosidad sino de bondad, que también es una virtud estupenda. Igualmente, esta pérdida de un bien propio debe tener un valor moral o de utilidad. Si es ligera o fácil sigue habiendo bondad. Si uno regala lo que le sobra, es bueno pero no se le llamaría generosidad sino desprendimiento bondadoso, como ejercicio coherente a una escala de valores que calme las angustias de su conciencia.
No vale ser generoso para obtener contraprestaciones, pero a pesar de ello éstas llegan por aplicación de la ley de causa y efecto. La generosidad actúa en  el  corazón que se expande y aleja el egoísmo. Y al dejar de ser egoísta, el espíritu vibra con mayor intensidad mejorando  la salud, el entorno, porque se gana amigos y este círculo de amistad que se construye viene a constituirse en una relación personal desinteresada, que nace y se fortalece con el trato, basada en un sentimiento recíproco de cariño. Es un tipo de alianza y unión de afectos que se funda en los sentimientos recibidos y que en la misma medida que se dan, es una comunicación de espíritus que se brindan apoyo mutuo, comprensión, cariño, en la más absoluta armonía entre las personas, con lo cual somos capaces de respetar y de ser tolerante al extremo.
 
La relación de amistad basada en la generosidad, es de afecto y confianza, y nos sirve de refugio, porque en ella podemos tener amparo, comprensión, ayuda y afectuosa protección. Allí se puede encontrar consuelo y auxilio sin tener que dar nada a cambio. En este tipo de amistad verdadera, no se tiene desarrollado el sentido de la posesión y no es absorbente en su trato, no hay en ella exigencias, ni pretensión caprichosa o desmedida,  ni obligaciones, al contrario hay libertad y apoyo mutuo. Y el beneficio más evidente es el que recibe el otro, y esto también es beneficio para sí mismo.
 
Varios son los modos de ejercitar la generosidad: siendo servicial, por ejemplo, ofrecerse a realizar los encargos de otros, cuidar a los enfermos, acompañar a los ancianos, brindar consejos, sacar a pasear a las mascotas. Esto significa dedicar tiempo a los demás, y suele ser un ejercicio estupendo de generosidad, de elevar la autoestima y valorar la vida en plenitud. Otra acción importante es regalar los objetos que se van guardando si darles uso y que con el paso del tiempo se convertirán en inservibles. No se debe guardar,  hay que donar a personas que le dará mucha utilidad. Con estos pocos ejemplos que he descrito se puede ir creciendo en solidaridad, como una muestra clara de que se ama en abundancia.
 
Y para amar en generosidad hay que ser espirituales, porque son dones inseparables en la vida. La gente esclavizada a las normas materialistas del mundo, al dinero, a la posesión y posición social  se aferran a las cosas no pueden tener esta virtud. Esta actitud tiene que dejar de ser predominante en la vida y más bien tienen que luchar contra ella a diario, significando mantener la meta espiritual por delante de la material. Una de las grandes pruebas es la buena voluntad de compartir con otros. Si han recibido, hay que entrega una parte, y practicando esta clase de generosidad pueden testificar el gozo y satisfacción que da el dar, ya que implica la decisión de servir y ayudar.
 
La generosidad es un concepto que poco a poco se ha ido perdiendo, porque en esta sociedad sin valores espirituales, se cree que cuando alguien da algo por nada, es que hay una intención detrás, sin apreciar lo bueno que hay en la vida de los seres humanos. Cuando se entrega lo que sólo uno puede dar, la armonía que genera dentro de uno ilumina la vida de los demás.
 
Para concluir a manera de reflexión transcribo un cuento del escritor español Pedro Pablo Sacristán: Érase una vez una nube que vivía sobre un país muy bello. Un día, vio pasar otra nube mucho más grande y sintió tanta envidia, que decidió que para ser más grande nunca más daría su agua a nadie, y nunca más llovería.
Efectivamente, la nube fue creciendo, al tiempo que su país se secaba. Primero se secaron los ríos, luego se fueron las personas, después los animales, y finalmente las plantas, hasta que aquel país se convirtió en un desierto. A la nube no le importó mucho, pero no se dio cuenta de que al estar sobre un desierto, ya no había ningún sitio de donde sacar agua para seguir creciendo, y lentamente, la nube empezó a perder tamaño, sin poder hacer nada para evitarlo.
La nube comprendió entonces su error, y que su avaricia y egoísmo serían la causa de su desaparición, pero justo antes de evaporarse, cuando sólo quedaba de ella un suspiro de algodón, apareció una suave brisa. La nube era tan pequeña y pesaba tan poco, que el viento la llevó consigo mucho tiempo hasta llegar a un país lejano, precioso, donde volvió a recuperar su tamaño.
Y aprendida la lección, siguió siendo una nube pequeña y modesta, pero dejaba lluvias tan generosas y cuidadas, que aquel país se convirtió en el más verde, más bonito y con más arcoíris del mundo.

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