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sábado, 22 de diciembre de 2012

Testigo del Ser...

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Testigo del Ser

Ken Wilber nos lleva a trascender la dualidad en un sencillo ejercicio...

Ser un testigo del ser consciente puede prolongarse durante la vigilia, el sueño onírico y el sueño profundo. El Testigo se halla totalmente accesible en cualquier estado, incluyendo tu propio estado de consciencia de este mismo instante. Así que les voy a guiar hacia ese estado, utilizando lo que en Budismo se llama “instrucciones indicativas”. No voy a intentar conducirles a un estado de consciencia diferente, a un estado de consciencia alterado o a un estado diferente de lo común. Simplemente, voy a destacar algo que ya está ocurriendo en tu estado actual, presente y habitual. 

Así que comencemos por tomar consciencia del mundo que nos rodea. Mira al cielo, y simplemente relaja tu mente; deja que tu mente y el cielo se fundan. Observa las nubes que flotan. Toma nota de que esto no requiere de esfuerzo alguno de tu parte. Tu estado de consciencia actual -en el que flotan estas nubes- es algo muy simple, muy fácil, que no requiere de esfuerzo, espontáneo. Simplemente toma nota de que, sin mediar esfuerzo alguno, tomas consciencia de las nubes. Lo mismo ocurre con esos árboles, esas aves y esas rocas. En forma simple y sin esfuerzo, tomas conciencia de todos ellos.

Observa ahora las sensaciones presentes en tu propio cuerpo. Puedes tomar consciencia de cualquier sensación corporal que se halle presente ahora: quizás la presión del mueble, quizás el calor en el abdomen, quizás una tensión en tu cuello. Sin embargo, aún si estas sensaciones fuesen de tensión, puedes tomar consciencia de ellas con facilidad. Estas sensaciones surgen en tu consciencia presente, y esa consciencia es muy simple, fácil, relajada, espontánea. Eres un testigo, sin esfuerzo y sin dificultad. 

Observa los pensamientos que surgen en tu mente. Puede que observes diversas imágenes, símbolos, conceptos, deseos, esperanzas y temores, todos los cuales surgen espontáneamente en tu consciencia. Surgen, permanecen unos instantes y luego se van. Estos pensamientos y sensaciones surgen en tu consciencia de este momento, y esa consciencia es muy simple, relajada y espontánea. Sin esfuerzo ni dificultad, eres un testigo de todo ello. 

Así que observa: puedes ver flotar las nubes porque no eres esas nubes, eres quien las está mirando. Puedes sentir sensaciones corporales porque no eres esas sensaciones: eres el testigo de esas sensaciones. Puedes ver cómo flotan los pensamientos porque tú no eres esos pensamientos -sino un testigo de su presencia-. En forma natural y espontánea, todas estas cosas surgen, por sí solas, en tu darte cuenta presente, sin que medie esfuerzo de tu parte. 

Y entonces, ¿quién eres tú? No eres los objetos de allá afuera, no eres las sensaciones, no eres los pensamientos -sin esfuerzo, eres un testigo de la presencia de todos éstos, de modo que no eres ellos. ¿Quién o qué eres tú? 

Dilo de este modo para ti mismo: tengo sensaciones, pero no soy esas sensaciones. ¿Quién soy? Tengo pensamientos, pero no soy esos pensamientos. ¿Quién soy? Tengo deseos, pero no soy esos deseos. ¿Quién soy? 

Así que retrocedes hacia la fuente de tu propia consciencia. Retrocedes hacia el Testigo, y descansas en el Testigo. No soy los objetos, no soy las sensaciones, no soy los deseos, no soy los pensamientos. 

Pero entonces, por lo general las personas cometen un gran error. Creen que, si descansan en el Testigo, van a ver algo o sentir algo, algo realmente exquisito y especial. Pero no verás nada. Si ves algo, se tratará simplemente de otro objeto: otra sensación, otro pensamiento, otra sensación, otra imagen. Sin embargo, todos éstos son objetos: no eres ninguno de éstos. 

No es así: mientras descansas en la realización del Testigo -no soy los objetos, no soy las sensaciones, no soy los pensamientos- todo lo que observarás es una sensación de libertad, una sensación de liberación, una sensación de alivio... alivio de la tremenda limitación que implica el identificarse con estas pequeñeces, pequeños objetos finitos, tu pequeño cuerpo, pequeña mente y pequeño ego, todos los cuales son objetos que pueden ser vistos y, por lo tanto, no son Aquél que ve, el verdadero Yo, el Testigo puro, aquél que realmente eres. 

Así que no verás nada en especial. Lo que surja está bien. Las nubes flotan en el cielo, las sensaciones flotan en el cuerpo, los pensamientos flotan en la mente -y, sin esfuerzo, tú eres testigo de todo esto-. Todo esto surge espontáneamente y sin esfuerzo en tu consciencia presente. Y esta consciencia que es testigo no es, en sí, nada específico que puedas ver. Es, simplemente, una gigantesca sensación de libertad -o de vacío puro- en el trasfondo. Y en ese vacío puro -que es lo que eres- surge el mundo entero de lo manifiesto. Tú eres esa libertad, esa apertura, ese vacío -y no alguna de las cosas que surgen de allí-. 

Descansando en ese atestiguar vacío, libre, fácil y carente de esfuerzo, observa que las nubes surgen en el amplio espacio de tu consciencia. Las nubes surgen en tu interior -tan así es que puedes saborear las nubes, eres uno con las nubes-. Es como si estuviesen a este lado de tu piel... están tan cerca. El cielo y tu consciencia se han vuelto uno solo, y todas las cosas en el cielo flotan sin esfuerzo a través de tu propia consciencia. Puedes besar al sol, tragarte la montaña... están así de cercanos. El Zen dice, “Tómate el Océano Pacífico de un solo trago”, y eso es lo más fácil de hacer cuando adentro y afuera ya no son dos, cuando sujeto y objeto no son dos, cuando el que mira y lo mirado son Un Solo Sabor Único. ¿Lo ves?


 

Muñeca de Sal

Una muñeca de sal recorrió miles de kilómetros de tierra firme, hasta que, por fin, llegó al mar. Quedó fascinada por aquella móvil y extraña masa, totalmente distinta de cuanto había visto hasta entonces.
«¿Quién eres tú?», le preguntó al mar la muñeca de sal.
Con una sonrisa, el mar le respondió: «Entra y compruébalo tú misma».
Y la muñeca se metió en el mar… Pero, a medida que se adentraba en él, iba disolviéndose, hasta que apenas quedó nada de ella…

Antes de que se disolviera el último pedazo, la muñeca exclamó asombrada: «¡Ahora ya sé quién soy!»

Autor Desconocido

21/12/2012

21-12-2012

(imagen tomada de aquí)

Casi ya al término de este día mágico, quiero compartir con vosotros mi parecer sobre esta efeméride. Mucho se ha escrito al respecto pero, a mi juicio, poco se ha escrito desde el rigor, desde la serenidad, desde el buen sentido.

Lo que más ha predominado ha sido una serie de escritos en los que, sin fundamento alguno (al menos, para mí), se ligaba esta fecha a una suerte de "maldición" catastrofista, con un tinte bastante "amarillista".

CALENDARIO MAYA

(imagen tomada de aquí)

Se ha relacionado la información que nos ha llegado del calendario Maya, en el que hoy se cierra una fase del calendario terrestre, una medida del tiempo, con la falsa idea de que el mundo se acaba o algo así. Una idea totalmente fuera de lugar.

Otra cosa es que estemos viviendo un momento "histórico" en el que se culmina un ciclo milenario (de unos 26.000 años) y que tiene que ver con la posición de nuestro Sistema Solar (y de la Tierra, claro está) dentro de la Galaxia a la que pertenecemos, la Vía Láctea.

LA VÍA LÁCTEA

(imagen tomada de aquí)

Y se sabe, y se está comprobando en la actualidad, que desde el centro de la Galaxia está emitiéndose una gran cantidad de radiación cósmica (en forma de rayos "X" y"Gamma"), capaz de generar cambios espectaculares a nivel molecular.

Y esto es posible porque, en la actualidad, el campo geomagnético (el que nos protege en la Tierra de las radiaciones cósmicas) está muy disminuido, si lo comparamos con otros tiempos.

CAMPO GEOMAGNÉTICO TERRESTRE

(imagen tomada de aquí)

El primer "input" de radiación cósmica lo estamos recibiendo de nuestra estrella principal, el Sol. Es constatable cómo en los últimos ciclos de emisiones solares, se están produciendo efectos geomagnéticos mucho más intensos de lo que es habitual en el planeta que habitamos.

Desde los organismos de investigación espacial (por ejemplo, la NASA) ya se ha avisado de la necesidad de estar prevenidos de una especie de saturación electromagnética, tormentas solares, por ejemplo. Incluso ya se ha realizado series televisivas contemplando semejante panorama de vuelta atrás en el estatus técnico de la humanidad...

¿Cuál es mi lectura de esta situación? Muy simple. Estamos viviendo en un momento cíclico en el que las condiciones ambientales en relación a la situación de nuestro planeta con respecto al Sol y a la Galaxia, pueden llevarnos a alteraciones, modificaciones genéticas clave para nuestra evolución como especie.

ATLÁNTIDA

(imagen tomada de aquí)

Es claro que la humanidad ha vivido otros momentos de escenario similar (aunque nuestra historia no llega a esos miles de años atrás). Todas las culturas antiguas nos hablan, en sus relatos orales, de un cataclismo, de una inundación de la Tierra. Se puede creer en la Atlántida, en Lemuria y sus respectivas destrucciones..., o no.

Mi manera no es de sentar cátedra en cuestiones en las que no tengo evidencia ni vivencia directa, pero tampoco es negar una hipótesis que tenga sentido y en la que mi Ser vibre con anhelo, como es ésta en la que siento la esperanza de que el ser humano siga adelante con su proceso evolutivo.

¿Qué podemos hacer, pues, en estos momentos? Centrarnos, ser coherentes, amarnos, serenarnos; y , progresivamente, las personas a nuestro alrededor se irán contagiando de ese espíritu. Mientras tanto, hay que seguir viviendo..., pero también debemos ser muy selectivos en apoyar lo que se debe apoyar (nuevas formas de estructurarnos como sociedad, de relacionarnos) y en no apoyar lo que no corresponde apoyar (procedimientos injustos, maltratos, intentos de manipulación masiva, etc...).

No sé cómo lo hago pero me pongo a escribir y no paro... En fin, lo único que quería con esta entrada era colocar el tema del famoso 12/12/2012 como una cuestión que, lejos de infundir temor, nos pueda ayudar a avanzar en lo que nos quede de vida a cada uno.

Salud para ti y los tuyos.